ABOGADO del DIABLO

En casos polémicos como éstos, cabe preguntarse qué se ha hecho de aquella figura tan apasionante del abogado del Diablo, cuya función era sacar a la luz los posibles aspectos reprobables del beatificando.

Es posible que ya no exista, o que sólo aplique su oficio a los candidatos a la santidad, dejando el expediente de los posibles beatos sin, por así decir, aparato crítico. Llamaba la atención del Abogado del Diablo la forma en que, pese a su nombre, formaba parte eficaz de la burocracia vaticana. Joaquín Sabina alude, en alguna parte, al sueldo que Dios le paga a Satán. La idea del Diablo como servidor eficaz del Altísimo, presente aún en libros como el de _Job_ en que el Diablo parece el Ministro del Interior o jefe del Servicio Secreto de YHWH, tiene mucha importancia en las tradiciones populares.

Observando sobre todo material neogriego (hay un libro estupendo de Charles Stewart ), a mí me daba la impresión de que, al menos en algunos casos, los diablos cumplen la función de castigar *en vida* a los enemigos del Señor, cumpliendo así un inestimable servicio. Así, quien en cualquier sentido se 'sale del tiesto' (pierde el favor y la protección del Señor al no acudir a su asamblea, no confesarse, vivir fuera de su Ley y de su Censo) recibe pronto la intimación de las fuerzas de las tinieblas, que si a veces se presentan como tentadoras, no pocas otras parecen más bien disuasoras de cualquier camino que se aparte de la ortodoxia. Una epidemia de vampiros o posesiones satánicas parece la mejor propaganda posible del uso del crucifijo y el agua bendita; cuando no de la hoguera purgadora.

Saludos, Alejandro G. 4/10/98