El Cañon del Sumidero (CHIAPAS) y sus leyendas

18/2/2000

Amigos listeros, Marta, Diego, Hermelinda y Clark,
A mi regreso de la fría Ciudad de Nueva York reciban lo prometido. Lo que acontinuación verán es breve información relativa al estado de Chiapas y la leyenda de el cañón del sumidero. Espero lo disfruten mucho.
Reciban un fuerte abrazo desde donde estén.

Ileana.


El origen del Cañón del Sumidero se remonta a varios millones de años atrás. Desde el punto de vista geológico, se trata de una serie de fosas que a partir de su apertura original, el agua ha erosionado con el paso del tiempo.

Este lugar antiguamente fue llamado por los aztecas, Chicoasentepec, su equivalencia en español siendo "6 cerros".

De profundo significado para los chiapanecos, aparece en el escudo de Chiapas pues fue escenario de la batalla entre españoles y chiapanecas que dió origen a la leyenda que cuenta que los indígenas prefirieron lanzarse a las profundidades del Cañón, antes de ser sometidos por los invasores.

Dadas las bellezas del lugar fue declarado Parque Nacional mediante un decreto el 4 de diciembre de 1980, para que la nacion pueda perpetuar su majestuosa belleza que habrá de ser deleite de las futuras generaciones.

Recorrer el Cañón del Sumidero, que es una de las más impresionantes fallas geológicas de América Latina, requiere de un alto sentido de la observación. Sus altas paredes y ambiente selvático crean un entorno donde se admira la naturaleza misma.

El Río Grijalva recorre entre acantilados, una longitud aproximada de 20 kms. hasta la Presa "Manuel Moreno Torres", mejor conocida como "Chicoasén", la que por cierto es una de las más grandes de Latinoamérica.

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En lo que fue la campaña de conquista de territorio chiapaneco por parte de los españoles, se toparon en la región con un grupo cuyo origen no está plenamente identificado como el de otros grupos como los choles o tzotziles, siendo su hogar las zonas importantes del Río Chiapas desde más o menos el siglo VI. Este pueblo de brava fama era conocido como "los chiapanecas", vuelto famoso por su participación en la batalla del Sumidero y una resistencia que se dice que ni los propios mexicas pudieron someter.

Bernal Díaz del Castillo, quien participó en 1524 en la pacificación de Chiapas con el capitán de conquista Luis Marín, fue tan impresionado por los chiapanecas que los describió como "los mayores guerreros que yo había visto en toda la Nueva España, aunque entren en ellos tlaxcaltecas y mexicanos". Además de este comentario, añade sobre el terror causado en los españoles al encontrarse con los chiapanecas :

...cuando nos encontramos con todo el poder de Chiapa, que campos y cuestas venían llenos de ellos con grandes penachos y buenas armas y grandes lanzas, flecha y vara con tiraderas, piedra y hondas, con grandes voces y grita y silbos. Era cosa de espantar cómo se juntaron con nosotros pié con pié y comenzaron a plelear como rabiosos leones.

¿De dónde surgen y como eran estos combatientes? Lo más certero es que provenían del altiplano mexicano y llegaron hasta Centroamérica por el Soconusco para radicar en Chiapas a partir del siglo VI.

Su habilidad bélica no sólo les permitió asentarse alrededor del río Chiapa, expulsando a zoques y tzotziles, sino que extendieron su poder militar hasta los pasos montañosos que llevan al Soconusco y al istmo de Tehuantepec.

El nombre de su capital, Chiapa, significa en náhuatl "agua donde crece la chía", planta prehispánica de uso medicinal cuyas semillas se emplean para preparar pinturas y una refrescanta y sabrosa bebida. El nombre de esta ciudad en su propia lengua - desafortunadamente extinta y de la cual sólo restan apellidos y nombres geográficos regionales - ciertamente sería Napiniaca o "Pueblo Grande", calificativo muy apropiado, ya que la capital chiapaneca, situada en la orilla derecha del río del mismo nombre, era grande en número de habitantes. Según Bernal Díaz, "verdaderamente se podía llamar ciudad y bien poblada, y las casas y calles muy en concierto".

Dentro del territorio chiapaneca, donde hubo otros asentamientos previos y posteriores a su capital, se encuentra el majestuoso e impresionante cañón del Sumidero, que hasta la construcción de la Presa de Chicoasén probablemente tenía el mismo aspecto que desde la conquista. Bajo los acantilados del cañón, entre raudales y rápidos, cruzaba lo que hoy es llamado el río Grijalva.

Debido a la forma del cañón, era poco posible para ellos abrir un camino a lo largo del río. Lo que sí existía era un banco de arena amplio, cerca de la entrada, donde los chiapanecas construyeron un pequeño centro religioso con los templos y edificios necesarios para sus ceremonias, y en el cual el dios del agua, Nandada, ocupaba un lugar principal. Su ubicación natural seguramente les permitió utilizarlo militarmente en tiempos de la conquista como refugio y defensa.

En cuanto al aspecto físico de los chiapanecas y a sus quehaceres agrícolas y artesanales, el fraile dominico Tomás de la Torre - quien estuvo en Chiapas en 1545 con fray Bartolomé de las Casas, se asombra con su estatura, tanto de hombres como de mujeres : "parecen gigantes", escribe. Resalta la pulcritud de su aspecto y los gratos aromas que exhalan provenientes de flores y otras sustancias, ya que "son muy amigos del buen olor". Sus ropas eran de manta, y las mujeres peinaban su cabello en trenzas, con las que rodeaban su cabeza sin mayor tocado. Añade que tenían excelentes tierras laborables, en las que cultivaban sobre todo cacao y maíz. Existían en el lugar abundancia de frutas : piñas, jícamas, camotes, aguacates y ciruelas, entre otras. Las mujeres eran muy trabajadoras : hilaban y tejían sin parar el algodón para elaborar "las mejores mantes que se hacen en las Indias". Por último, menciona el fraile los hermosos decorados de sus jícaras y cestas, las cuales "son tan galanas como platos de Valencia".

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Dentro de la polémica que se genera sobre si la batalla y el suicidio masivo del Sumidero son un mito, una leyenda o una realidad, en su papel de historiador, Jan de Vos no sólo aclara puntos en la tradición oral sino que corrige juicios históricos erróneos y declara que, más que un hecho real, la famosa batalla es una leyenda, esto es, una relación de sucesos que tienen más de tradicionales o fabulosos que de históricos o verdaderos. Ello no significa que lo relatado no haya sucedido en realidad, sino que la tradición (originada por los propios chiapanecas) se ha encargado de tejer "un hermoso vestido nuevo al hecho histórico desnudo". De tal manera, concluye Jan de Vos, que se gana algo muy valioso : "una historia auténtica".

No se puede desconocer el gran valor cultural de la historia y su posible convivencia con las tradiciones indígenas, como es el caso de la leyenda del Sumidero, símbolo de la valiente y auténtica lucha por la libertad. Todo aquello que nos sirva como ejemplo para recordar y recuperar estos valores es bienvenido.

El optar por mito o realidad, no afecta la escencia del hecho simbólico. En suma, se pueden obtener ambas bondades : el "conocimiento auténtico" de hechos pasados y, por otro lado, el aprendizaje de la tradición chiapaneca como lección de valentía y batalla por preservar una cultura, de intensa lucha por la dignidad humana.

Así que aquí termina una aventura a través de la magnificencia natural del Cañón del Sumidero y su legendaria historia; ambas siendo asombrosas indivualmente, pero en su conjunto dando una gran herencia digna de preservación por todo el pueblo chiapaneco.