El DILUVIO PLURICULTURAL...
De: Chema <chema@encomix.es> Fecha: Jueves, 27 de Agosto de 1998 02:56 p.m.
Sobre el diluvio:
Dicen que Túbal, nieto de Noé, llegó a España navegando por el Río Ebro arriba, hasta casi su nacimiento, y desde alli su tribu ascendio a los Pirineos buscando las alturas en prevision de otro posible diluvio...Aunque suene a risa, esa es al menos la leyenda...que luego se enreda como una madeja y que algun dia os contare....
Un saludo, Chema
De: Sol Tarrés <starres@iies.es>
Fecha: miércoles 26 de agosto de 1998 19:40Antonio Casares wrote: "En lo que respecta a la tradición del Diluvio, o de varios Diluvios, está repartida por toda la tierra, excepto en África"
Yo he encontrado referencias al diluvio entre los bereberes del norte de Marruecos, aunque no sé si esto pertenece a la tradición bereber o islámica, no lo he rastreado. Se agradece la referencia del libro, pero también me gustaría saber en qué libro de Eliade aparece lo del diluvio.Antonio Noriega wrote: "en lo relativo a la cultura musulmana, se de un buen numero de leyendas musulmanas muy interesantes, asi como datos historicos que harian un buen articulo. Tengo mucho material sobre el mismo".
Me interesa mucho el tema.Saludos, Sol
De: Alejandro González <agonza59@encina.pntic.mec.es>
Fecha: Jueves, 27 de Agosto de 1998 03:36 p.m.En un libro que ahora no tengo conmigo, y que cito por tanto de
memoria, _Mito, historia y leyenda en el libro del Génesis_, de T.
Gaster, se examinan los paralelos de los distintos motivos míticos que
aparecen en el Génesis, incluyendo el del diluvio. No sé si dará algún
paralelo africano (en cuanto pueda, lo consulto, si antes alguien no
tiene el libro a mano).Supongo que si el diluvio se menciona en el Korán (lo cual ahora mismo
no sé, pero parece muy probable), hoy por hoy estará incorporado al
folklore de los países africanos islamizados. Otra cosa sería ver si se
encuentra o no en las creencias indígenas.Un saludo, Alejandro
De: RODOLFO RODRIGUEZ GORJON <gorjonro@jal1.telmex.net.mx>
Fecha: Viernes, 28 de Agosto de 1998 02:49 p.m.No recuerdo bien pero parece ser que del diluvio es la Epopeya de Gilgamesh
proveniente de mesopotamia, creo también entre los índios Piel Roja
(¿navajos?) hay reminiscencias al respecto y finalmente parace ser que
algunos índios mexicanos tenían algún recuerdo en ese sentido. Desde
Guadalajara, Jalisco, México.Con un saludo afectuoso, Rodolfo Rodríguez
Gorjón
De: ANTONIO CASARES <vgarciaal@nexo.es>
Fecha: Sábado, 29 de Agosto de 1998 02:47 p.m.LOS CORCOVADOS
Según los antiguos libros mayas la primera raza estuvo formada por
corcovados. El poeta Ricardo Mimenza Castillo dice que "eran unos astutos
y misteriosos enanos y corcovados quienes alzaron las ciudades de piedra
cuyos vestigios nos asombran en nuestros días." Trabajaban en la oscuridad
y en cuanto surgió el sol, fueron trocados en granito. Sus imágenes
podemos contemplarlas en las actuales ruinas.
Thompson afirma que "tenían poderes mágicos y les bastaba con sólo
silbar para que las piedras se ordenaran debidamente en los edificios o
para que la leña fuera por sí misma del monte al hogar." Los corcovados
eran hombres inteligentes pero incurrieron en el pecado de la soberbia.
Para no mezclarse con los demás mortales ni perecer ahogados en el primero
de los tres grandes diluvios que registra la mitología maya, construyeron
un camino suspendido en el cielo por donde recibían los alimentos para su
pueblo. Cuando llegó la inundación, los altivos corcovados sintiéndose a
salvo, se limitaron a observar desde su puente suspendido en el cielo, la
desaparición, bajo las aguas , de los seres y las cosas. Ofendidos en su
amor propio, los dioses cortaron entonces el dilatado puente aéreo de los
corcovados y estos se ahogaron en el diluvio. Quizá el más afamado de los
corcovados sea el llamado Enano o Adivino de Uxmal, cuya leyenda es
encantadora.
De: Argemiro Vélez <arge@epm.net.co>
Fecha: Sábado, 29 de Agosto de 1998 07:59 p.m.Tomado de:
RELATOS TRADICIONALES DE LA CULTURA CATÍA
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EL DILUVIO
Se cuenta que cuando se logró la conquista del agua, antes de que cayera
el jenené, Caragabí, se refugió, junto con diez catíos, en lo más alto
de una elevada peña para precaverse de la inundación. Al desbordarse las
aguas, se cubrió la tierra y desaparecieron todos los seres vivientes,
menos Caragabí, sus diez acompañantes y los animales que se habían
trepado al peñón.
Un año se estuvieron allí esperando que se calmaran las aguas. Al fin de
ese tiempo, Caragabí mandó una garza para que averiguara si había un
lugar bueno para vivir. La garza encontró mucho pescado y, cebada en el
alimento, no volvió.
Mandó luego a Ancoso, el gallinazo, pero este se entretuvo comiendo
peces y animales muertos y tampoco regresó.
Caragabí envió luego al pato de monte, al pato gujo, pero este se quedó
devorando unos peces llamados guacuco y tampoco cumplió el encargo.
Entonces, el dios, burlado por sus mensajeros, escupió dos veces en el
suelo y cubrió su saliva con una totuma y en seguida surgió de allí una
paloma blanquísima que voló y regresó para decirle a Caragabí lo que
estaban haciendo los anteriores mensajeros y para darle la noticia de
una tierra donde podrían habitar los sobrevivientes del diluvio.
Caragabí y sus diez hombres abandonaron la peña y se establecieron en el
lugar que les había indicado la paloma. Los animales también se
dispersaron por toda la tierra.
De las gentes que acompañaban a Caragabí, algunos se convirtieron en
animales, porque él les pedía que le mostraran la mano y les arrancaba
el pulgar. Otros le presentaron la mano vuelta de manera que el pulgar
quedaba escondido. Estos se convirtieron en micos pero conservaron sus
cinco dedos.
NOTA SOBRE "EL DILUVIO"
El tema del diluvio es casi universal en la literatura tradicional. En
América, por ejemplo, de un total de cuarenta y seis grupos aborígenes
que examinamos bibliográficamente, lo encontramos en treinta y tres.
No obstante la universalidad del tema, algunos detalles y aun partes
substanciales del relato que hemos acabado de transcribir, se pueden
tener como posibles evidencias de los contactos catíos con la
cristianización.
(...)EL DILUVIO EN EL CHOCÓ
Hace muchos años había un río caudaloso, que al contrario de todos los
otros, tenía la boca adentro de la costa y las cabeceras en el mar.
Para cambiar esto, dios hizo caer una lluvia torrencial y el mundo
empezó a hundirse con la creciente. Un indígena fue a decirle a dios que
con la creciente el mundo se estaba yendo a pique y dios les mandó decir
a los indígenas que se salvaran en balsas de madera.
El hombre arregló su casa con balsas de madera debajo de la plataforma y
cortando los pilotes sobre los cuales se asentaba, para que pudiera
flotar. También recogió comida y cortó plátanos y caña y los puso en su
tambo, para no sufrir hambre, y les dijo a todos los demás que hicieran
lo mismo, pero ellos no le creyeron y se pusieron a tomar chicha
mientras las aguas empezaban a subir. A los tres días el mundo
desapareció entre las aguas.
La casa del hombre que había hablado con dios, fue alzada por la
corriente y quedó flotando sobre el agua como una balsa.
Todos los cerros se hundieron, menos el cerro Mujarra que apenas si se
veía aparecer sobre el agua.
El hombre de la casa flotante y algunas otras gentes llegaron hasta el
cerro Mujarra y el agua dejó de subir.
Un pez espada trató de aserrar la montaña y las gentes dijeron que si no
mataban ese pez, acabaría por derrumbar el cerro.
Llamaron entonces al cuervo, al alcatraz y a la nutria y dios habló con
ellos y les dijo que buscaran al pez y lo mataran.
Primero fue el alcatraz pero no pudo hacer nada. Luego ensayó el cuervo,
con igual resultado. Después siguió la nutria y llegó hasta donde estaba
el pez y lo mató y se lo llevó a dios, quien le dijo: "Muy bien, siempre
comerás pescado". Por eso la nutria sólo come pescado.
Entonces dios quiso que el agua volviera a bajar. La iguana estaba entre
el agua y cuando la creciente empezó a bajar, solamente asomaba su
cabecita. A medida que el agua iba bajando, dios iba poniendo señales de
ceniza. Cuando el agua bajó hasta la altura de la cola de la iguana,
dios les dijo a los hombres y a los animales que el agua se estaba yendo
y que se echaran al agua si no quería quedarse aislados en el cerro.
Algunos se arrojaron pero otros, por miedo, se quedaron en la montaña.
Así cambió el mundo. La cabecera del río quedó donde estaba antes su
boca y su boca, donde estaba anteriormente su cabecera.
Dicen que dios tiene intención de volver a cambiar otra vez las cosas.
(...)
EL DILUVIO EN EL ALTO SINÚ
En el Alto Sinú hubo un gran diluvio. Algunos indígenas se salvaron en
una enorme canoa de piedra, labrada por dos mellizos y la cual, a pesar
de su peso, no se hundía.
(...)
EL DILUVIO EN EL DARIÉN
en el Darién hubo un diluvio. Para salvarse de las aguas, los indígenas
catíos y los chiricanos de Panamá, construyeron un barco grande y
entraron a él con todos los animales que pudieron recoger.
Los chiricanos, pensando en el desembarco, llevaron mucho lazos pero los
otros indígenas no llevaban nada.
Cuando llegó el momento de bajar, los chiricanos, con sus lazos, se
apoderaron de los animales más grandes: vacas, terneros, caballos. Los
catíos tuvieron que contentarse con los animales pequeños: conejillos,
guatines, gallinas.
Por eso, los chicricanos son ricos y los catíos son pobres.
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Saludos Argemiro
De: Alejandro Gonzalez <agonza59@encina.pntic.mec.es>
Fecha: Martes, 01 de Septiembre de 1998 08:39 a.m.Al fin tengo ante mí un ejemplar de Mito, leyenda y costumbre en el
libro del Génesis. Y resulta que, efectivamente, aparecen recogidas leyendas diluviales de
todo el orbe, salvo de África.¿Toda África? No. En realidad, hay *una* leyenda africana sobre el
diluvio, y bien antigua: localizada en el «don del Nilo», el Egipto
antiguo. Escribe Gaster p. 114:«Se conserva un relato egipcio acerca de un diluvio en el así llamado
Libro de los Muertos. El dios Atum anuncia su intención de hacer perecer
ahogados en las aguas del océano primordial (Nun) a toda la humanidad
pervertida. La inundación empieza en Henensu, o Herakleópolis, en el
Egipto superior, y todo el país queda sumergido. Los únicos
supervivientes son unas cuantas personas que han sido salvadas en «la
barca de millones de años», o sea, la barca del dios-sol, con el mismo
Temu. Temu, al parecer, navegó a la isla de la Flama -pero el texto está
mutilado».
De: Joaquin Alipio Barrio <rbambb@criba.edu.ar>
Para: <memoria@makelist.com>
Asunto: [memoria] GAUNA
Fecha: Miércoles, 02 de Septiembre de 1998 07:13 a.m.En otro orden de cosas, he investigado que en los muchos lugares donde existe
el mito del diluvio, hay un personaje que se salva y continua la humanidad, y por si a alguien le interesa he hecho esta lista, seguramente incompleta:Biblia Noe' y Flia.
Grecia Deucalion
Mesopotamia Oanes
India Manu
Nordico Belgemir
Mayas Niyi
Incas Viracocha
Celtas Dwifah
Guaranies (Paraguay, Bolivia, Brasil (sur) y
Noroeste Argentino): Tamandare'
Babilonia Utnapishtim
En las tabletas con escritura cuneiforme
del Sumer se habla de 10 ciudades-estado
que vivieron en armonia y eqilibrio hasta
"el gran diluvio" luego de este, se rompio
el equilibrio y guerrearon entre si, no hay
ningun eroe en particular.Saludos Joaquin
De: Yael Rosenfeld <yaelita@rocketmail.com>
> No recuerdo bien pero parece ser que del diluvio es la
Epopeya de Gilgamesh > proveniente de mesopotamia, creo también entre los índios
Piel Roja (¿navajos?) hay reminiscencias al respecto...Si, las hay. En el libro del cual saqué lo del calumet que mandé con mi primer mensaje, hay una leyenda al respecto.
De: Yael Rosenfeld <yaelita@rocketmail.com>
Fecha: Lunes, 07 de Septiembre de 1998 05:26 a.m.Màs producción del fin de semana
Mi intención era ir mandando estas leyendas en orden, pero como
se planteó el tema del diluvio y alguien (alguien a quien debo
pedir mil disculpas porque no me acuerdo su nombre en este
momento) contó que el tema también se encontraba en los pieles
rojas, he decidido adelantarme algunos cuentos (salteo sólo
tres de la Primera Noche: La primera luz, ¿Quién trajo el sol?
y El mito del fuego) y enviarles éste. El libro, como ustedes
saben, es _Cuentos y leyendas de los pieles rojas_Besos, Yael
La gran inundación Una vez, en invierno -el mundo era a la sazón muy joven y
carecía de experiencia-, empezó a nevar intensamente. copo tras
copo, caía la nieve del cielo, hasta que el paisaje cambió de
un modo tal que era imposible reconocerlo. La nieve cubrió los
senderos familiares, invadió los valles y borró los ríos.
Los animales tomaron asiento alrededor del fuego, dentro de
una tienda construida con pieles, y empezaron a discutir la
manera de logrear que volviese el buen tiempo. Pero a nadie se
le ocurría nada provechoso. Por último, dijo la ardilla:
-Se acerca la noche... El fuego ya no canta, porque está
cansado. Vayamos a acostarnos; mañana podremos pensar con mayor
claridad.
Efectivamente, casi todos los animales se fueron a dormir. La
ardilla se tumbó junto al fuego, apoyando la barbilla en las
patas y, mecida por las olas de calor del fuego y por las
ráfagas del viento, tuvo un sueño muy extraño:
Soñó que un oso se paseaba por el mundo -un oso igual que el
que vivía al otro lado del lago-, metiendo todo lo que
encontraba en un enorme saco. En él llevaba setas, miel y buen
tiempo. Lo único que había que hacer era quitarle al oso el
saco y abrirlo...
La ardilla se frotó apresuradamente los ojos, para asegurarse
de que no olvidaría el sueño.
-¡Levantaos todos! -gritó-. ¡Ya sé quién nos ha quitado el
buen tiempo!
Su voz despertó incluso al tejón, que tenía fama de estar
siempre durmiendo; ahora se incorporó y escuchó atentamente.
-¡He visto en sueños cómo el oso lo guardaba en su saco!
-gritó la ardilla, muy excitada-. ¡Debemos darnos prisa y
alcanzarlo!
-Crucemos el lago en la canoa propuso el zorro.
Todos salieron del jacal, botaron la canoa y partieron sin
perder un instante.
El cubil del oso parecía abandonado. Esperaron largo rato,
escuchando con atención, pero ningún ruido salía del interior.
La ardilla fue la primera en asomarse y mirar, y lanzó un
grito de alegría: el saco estaba allí, en un rincón, tal como
ella lo había visto en sueños. Llamó a los otros:
-¡Venid a ayudarme!
El saco era tan pesado que sólo el caribú podía moverlo. Lo
levantó y lo trasladó a la canoa.
-Seguro que el oso descubrirá lo que ha pasado y nos
perseguirá -dijo el zorro-. ¿Quién de vosotros tiene los
dientes más afilados?
-¡Yo! -gritó una débil y aguda vocecilla.
-¿Tú, ratón?
-Sí; yo soy el que tiene más afilados los dientes -dijo el
ratón, con orgullo.
-Está bien; tienes que ir al jacal y roer el canalete de la
canoa del oso. Pero hazlo de manera que él no advierta nada.
El ratón puso al punto manos a la obra, haciendo un agujero en
el canalete, justo en el sitio donde éste se ensanchaba.
-¡De prisa! ¡De prisa! -le gritaron los otros animales, al oír
que se acercaba el oso, gruñendo mientras caminaba.
El ratón no tuvo tiempo de terminar su tarea. Cuando oyó
fuertes pisadas en el exterior de la cueva, echó a correr y
saltó a la canoa.
Se habían alejado muy poco de la orilla cuando oyeron un
furioso rugido: el oso había descubierto el roba.
-¡Ya veréis cuando os coja! -les gritó.
Tomó el canalete, lanzó la canoa al agua como si fuese una
cáscara de nuez y empezó a remar furiosamente, ganándoles
terreno a cada bogada. Un impulso más, y les habría alcanzado;
pero, precisamente entonces, se partió el canalete en dos
pedazos, volcó la canoa y el oso cayó al agua y se ahogó.
Los animales respiraron aliviados. Cuando llegaron a su orilla
del lago, el caribú llevó el saco a tierra firme y lo abrió con
gran cuidado.
Salió al punto el buen tiempo y empezó a correr por los
campos. La nieve se fundió rápidamente y pronto hubo agua en
todas partes: los ríos y barrancos se juntaron en una inmensa
corriente que inundó los valles. El lago se desbordó y las
aguas arrasaron cuanto encontraron a su paso. Todos los
animales se refugiaron en la cima de una alta montaña, único
lugar que permanecía seco.
El diluvio se fue extendiendo, de modo que sólo aquella cima
sobresalía de la superficie. Los animales discutieron lo que
debían hacer. Pensaban que tal vez el agua se retiraría
gradualmente, pero no fue así.
-Me sumergiré y traeré un poco de tierra -dijo la nutria-. De
otro modo, pereceremos todos aquí.
La nutria hizo una profunda aspiración y desapareció bajo las
aguas. Tardó mucho tiempo en regresar. Por fin apareció en la
superficie, escupiendo y jadeando, y dijo:
-Lo siento, pero no he podido tocar fondo. Que pruebe otro.
El lucio se ofreció voluntario; estuvo todavía más tiempo en
el agua, pero no tuvo más éxito que la nutria.
Entonces llegó la vez al pato. Se sumergió y se hundió como
una piedra. El viaje parecía interminable, y a punto estaba el
pato de dar media vuelta cuando tocó fondo. Recogió la mayor
cantidad de tierra que pudo y volvió rápidamente a la superficie.
La verdad es que no tría mucha tierra entre las patas, pero
ahora sabía ya el camino y podía mostrarlo a los demás. Y así
fue como los animales sacaron del agua todo el país indio y
pudieron volver a sus casas, después de haber triunfado de la
gran inundación.FIN
De: Yael Rosenfeld <yaelita@rocketmail.com>
Fecha: Lunes, 07 de Septiembre de 1998 05:30 a.m.Màs sobre el diluvio. Esto es lo (poco) que encontré por ahora
en la mitología de por aquíEl diluvio en la mitología indígena Argentina.
Los araucanos (de la Patagonia) tienen un ser mitológico
llamado Kai Kai Filu que es el causante del diluvio universal.
Es un animal híbrido, mitad caballo y mitad culebra, que
relincha como un caballo y vive en el fondo del mar y agita las
aguas, por lo cual se le atribuyen todas las grandes
inundaciones.Besos, Yael