LA EMPOLLERADA
En el origen más o menos remoto de la leyenda de la autoestopista
fantasma pueden tener parte leyendas como ésta panameña, tomada de
http://members.tripod.com/~artteam/cuentos/referencia.htm :

«LA MUJER EMPOLLERADA

     Se cuenta que esta mujer empollerada, muy hermosa , se les aparece
de noche en los caminos a los hombres imprudentes que vienen tarde de
los bailes y fiestas del pueblo. Cuando un campesino borracho se la
topa, esta pide que la lleven en su caballo y el el ingenuo la monta  
en el anca y se la lleva pensando que es su noche de suerte, pero es la
sorpresa del borracho que la bella mujer se transforma en un horrible
esqueleto empollerado que le hace pasar el susto de su vida y de seguro
que jamas saldra tarde de un baile, o más aun, jamas irá a alguno.»

(¿Alguien nos aclara que es eso de un "esqueleto empollerado"?)

ALEJANDRO
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Mi abuela contaba una historia similar a la de la mujer empollerada. La
historia tenia como protagonista a mi bisabuelo.
Este caballero era tan mujeriego que ya no existia en el pueblo ninguna moza
que se haya salvado de sus encantos y seducciones. Una noche oscura cuando
se recogia despues de una parranda, vio en la bruma de la noche aparacer un
caballo en el cual montaba una hermosa mujer que se acercaba lentamente
hacia el. La lujuria salio a relucir en el espiritu del caballero y decidio
esperar para saber de quien se trataba aquella hermosa silueta nocturna. Una
vez que la dama se fue acercando, mi antepasado no se pudo contener y fue al
encuentro de la figura nocturna. Cuando estuvieron cara a cara la hermosa
mujer que montaba el caballo se habia transformado en un esqueleto humano.
Mi abuela me comentaba que solamente vieron aparecer al caballo  cabalgando
con el jinete desvanecido y sangrando por la nariz.
la moraleja, por supuesto es sobreentendida.

Saludos a todos.

Joaquin Leoni.

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Hmm esta linea nos lleva de cabeza a Don Felix de Montemar, ya mencionado tiempo ago en la lista
Ale
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Hay algún material similar también en la Cocoweb
(http://encina.pntic.mec.es/~agonza59/index.html), por ejemplo este
fragmento de un cuento del escritor Máximo Soto Hall sobre la Tzegua
costarricense (aquí no hay coche, pero la 'autoestopista' se sube al
caballo...):

	«—No hay uno solo de los que han visto a la Tzegua, que se haya quedado
como era antes. Hombres fuertes, sanos, colorados, que nunca se
afligieron por el trabajo, después de que se les apareció, resultaron
amarillos y flacos, y flojos. Algunos también se murieron de puro susto
—y citó a varios de los que habían perdido la vida a causa de la
terrible aparición. 

     —No es fácil verla —prosiguió diciendo— en todas partes; son
ciertos lugares los que le cuadran. Por aquí anda siempre y por eso,
fíjese que es raro ver un caminante a caballo solo. Casi siempre van dos
juntos. 

     —¿No es posible que la vean dos? —le interrumpí. 

     —Cuando va uno solito, es que se asoma —-repuso hilvanando de
nuevo su relato, con la satisfacción del que sabe que es escuchado con
vivo interés—. En algún sitio lejos del poblado, sobre todo si hay
arboleda y el camino es estrecho, es cuando le gusta sorprender a los
viajeros. En medio del camino se presenta y con una voz muy dulce y
muy débil, como si estuviera muriendo, dice:  «Señor,estoy muy
cansada, y tengo que ir a ver a mi madre que está enferma; me quiere
llevar al pueblo de...» y dice el nombre del pueblo que está más cerca,
porque, como es el mismo enemigo, todo lo sabe. 

     —¿Entonces es una persona, o tiene el aspecto de persona? —me
atreví a interrumpirle nuevamente. 

     —Es una joven muy linda, blanca, con los ojos negros y grandes, el
pelo rizado y la boca preciosa. Todos los que la miran así se encantan
de ella y sobre todo les da lástima porque se ve cansancio en la cara y
se le siente en la voz. 

	Un céfiro fino comenzó a juguetear en aquel momento, estremeciéndose
las hojas con un temblor suave, como si un ser     misterioso e
invisible se adelantara, abriéndose paso entre las ramas   tupidas. La
naturaleza ayudaba al narrador. 

     —Ni los más cerrados se resisten a su ruego, y todos caen en su
lazo. Hay quienes le ofrecen la delantera de la montura y otros
prefieren llevarla a la grupa. Para ella es lo mismo. Cuando comienzan a
caminar, si va adelante vuelve la cara, si va atrás hace que el jinete
la vuelva.
     Aquí lo espantoso. Aquella mujer hermosa, ya no es ella. Tiene la
cara como la calavera de un caballo: los ojos lanzan fuego, enseña con
amenaza los dientes pelados y muy grandes, tienen la boca abierta y
arroja un vaho por aliento que huele a podrido. Al mismo tiempo sus
brazos como fierro se agarran del jinete. El mismo caballo que parece
que se da cuenta de lo que lleva encima, arranca a correr como loco sin
que ninguno lo pueda contener. 

     —¿Y que pasa después? 

     —Los que al hacer montar a la joven hermosa han tenido malas
intenciones, esos mueren todos, y se les encuentra tendidos con los ojos
abierto y saltados; los otros, ya se lo dije, para toda su vida quedan
sin servir para nada. »