Los HIPERBOREOS

Asunto: Re: [memoria]Ciudades sumergidas
Fecha: 4-7 2000

No intentaremos identificar una zona del norte de Europa o América con lo que los testimonios antiguos indican acerca del país de los hiperbóreos, de la isla de Thule[1] o de otras tierras de fábula. Sobre todo teniendo en cuenta que Píndaro (Décima oda pítica, vv. 29–30) nos advierte: "y ni con naves ni yendo a pie podrías encontrar el admirable camino que conduce al lugar donde se reúnen los hiperbóreos". No nos ocuparemos de la supuesta ubicación "real", sino, continuando con las paradojas, de la ubicación –"imaginaria", en realidad– que la fantasía concediera a esos países. Aunque, como los sueños se fabrican con materiales procedentes de eso que llaman "realidad", en el país de los hiperbóreos y en sus estribaciones también pueden reconocerse rasgos de entornos geográficos concretos desde cuyo conocimiento pudo la imaginación avistar estos paraísos en el norte[2].

I. a. Dónde estaría el país de los hiperbóreos.

El adjetivo "hiperbóreo" se aplica tanto a pueblos de historicidad comprobada -los escitas o los celtas, p. e.- como a aquel pueblo mítico al que ahora nos ceñiremos. La misma etimología del "etnónimo" sugiere una ubicación septentrional de sus portadores, aunque parece que explicar "hiperbóreo" como "de más allá del viento del norte" es una falsa etimología[3]. Las fuentes no sitúan siempre a los hiperbóreos en lo que nosotros llamaríamos el Polo Norte, y es del dominio común, por otra parte, que la concepción griega de la geografía no era la misma que tenemos nosotros, y que además sufrió una importante evolución, en el curso de la cual se encuentran desde los más antiguos testimonios acerca del país de los Hiperbóreos[4] hasta las muy tardías noticias del Suda (léxico compilado en el s. X d. C.). Y los textos dan el adjetivo "hiperbóreo" a una zona que abarca desde el noroeste de Europa hasta el nordeste de Asia.

Comenzaremos nuestro viaje de la mano de un personaje fascinante y semilegendario. Aristeas de Proconeso[5], según el Suda, s. v. "Aristeas" (I 353, 13 de la edición de Adler), fue el "autor de un poema épico (la llamada Arimaspea). Es la historia de los arimaspos hiperbóreos[6], en tres libros. Dicen que su alma, cada vez que quería, salía de su cuerpo y volvía luego. Vivió en tiempos de Creso y Ciro, en la quincuagésima olimpíada". Cuando aborda la etnografía de Escitia, Heródoto, IV, 13, se sirve de esa Arimaspea de Aristeas, y le atribuye el dato de que los Hiperbóreos habitan en los límites septentrionales del mundo (cf. Aristeas, fragmento núm. 2 de la ed. de Alberto Bernabé recogida en bibliografía).

Luego, Hecateo de Abdera[7], en el fragmento 7 de la ed. de Jacoby (transmitido por Diodoro de Sicilia, II, 47), localiza a los hiperbóreos en una isla "al otro lado del país de los celtas, en la región de la Osa Mayor". Esto nos remite al NO, zona que compartirán con la ultima Thule, y con la isla de Crono, de la que habla Plutarco, Sobre la cara de la Luna, 941a-942c. A partir de Calímaco, Himno a Delos, v. 281-2, es muy frecuente situar a los hiperbóreos en el Norte, ya sea de Asia o de Europa (vid. p. e., Estrabón, I, 3, 22: "se llama hiperbóreos a los que habitan más al norte que todos los pueblos").

Los autores romanos deben aparecer ya entre nuestros guías de viaje: Mela, I, 12-13, dice que "los caspianos, próximos a los escitas, circundan el golfo Caspio. Más allá están las Amazonas, y más allá de éstas se recuerda que están los Hiperbóreos". Y Plinio el viejo los sitúa en la misma latitud de Britania[8]. Pero los mismos autores, en otros pasajes, sitúan a los hiperbóreos en el Polo Norte. Mela, III, 36, dice que "en el litoral asiático, los primeros Hiperbóreos están situados más allá del viento del norte y de los montes Rifeos, bajo el mismo eje de los astros" (cf. Plinio el viejo, Historia natural, IV, 89; Solino, XVI, 3; Servio, Escolios a Virgilio, Geórgicas, III, 381, y Marciano Capela, VI, 664). En el s. X de nuestra era, el Suda, s. v., define a los hiperbóreos como "el pueblo que habita más hacia el norte, y más tierra adentro en el país de los escitas".

Como podemos ver, nuestros guías antiguos no nos llevan a un único punto, sino a una amplia región que va desde el norte del Mar Caspio y del Cáucaso hasta los límites noroccidentales de la Tierra habitada, pasando por los "ejes del mundo y los extremos del circuito de los astros". Otros textos intentan acotar el terreno: ya en el s. V a. C., Helanico, fragmento 187 b Jacoby, pone a los hiperbóreos "sobre los montes Ripeos"[9], y Esquilo, fragmento 197 Radt, se manifiesta en el mismo sentido[10].

Claro está que así sólo conseguimos desplazar el problema, porque estos montes Ripeos tampoco responden a una única localización. Reproduciendo la gama de posibilidades de los otros testimonios (del NE al NO), se tendía a identificarlos con los Alpes, o bien con el Cáucaso (escolio a Dionisio Periegeta, v. 10). Ateneo, 6, 23, 30, pretende que los Alpes sean una nueva denominación de los montes Ripeos, y esa sería la vía para hacer concordar los testimonios que sitúan a los hiperbóreos sobre esos montes Ripeos, con un fragmento de Posidonio (núm. 103 Jacoby = escolio a Apolonio de Rodas, II, 675): "Posidonio dice que existen los Hiperbóreos, y que habitan en las inmediaciones de los Alpes de Italia". En la época de Posidonio, quienes habitaban en las inmediaciones de los Alpes de Italia eran los celtas, como supieron ya los antiguos[11]. Otros autores que relacionaron los Alpes, los Ripeos y los hiperbóreos, están citados por Esteban de Bizancio (s. V d. C.), p. 650. La asociación de los hiperbóreos con los celtas dio lugar a que Nicéforo Grégoras, Historia romana, vol. III, p. 517, mencionara a los celtas y gálatas, y los ubicara aproximadamente donde se solía imaginar que vivían los hiperbóreos: "junto al océano que mira a la Osa Mayor y a la isla de Thule, de donde rompe a soplar el viento del oeste y adonde se dirige el Sol cuando se pone". Ha aparecido una isla, la de Thule[12], situada en el límite occidental del mundo. También era en una isla del noroeste (frente al país de los celtas) donde Hecateo de Abdera, F Gr H, 3a, 264, F 7 Jacoby, situaba el país de los hiperbóreos. El mismo Hecateo da nombre a esa isla de los hiperbóreos. Se llama Elíxoia[13]. También Plutarco, Sobre la cara de la Luna, 941 a, sitúa a Crono en una isla "que dista de Britania cinco días, para quien navegue hacia Occidente".

Es significativo que ese país imaginario que fue el de los hiperbóreos se ubicara en una isla[14]. No será la única isla que tendremos que visitar, en lo que nos queda de viaje.

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NOTAS:

1 Acerca de los intentos de identificación de Thule, vid. Mund-Dopchie, M. (1990: 80-1, esp. n. 11, p. 81), y Romm, J. S. (1992: 157-8). Lo que aquí digamos de Thule se orienta más bien hacia lo legendario. Pero el aspecto fantástico de esa isla tenía sus bases en fenómenos astronómicos, y es obligado referirse a éstos; vid. Aujac, G. (1988).
2 Sobre los realia que pudieron configurar la imagen del país de los hiperbóreos, una buena síntesis puede encontrarse en Dion, R. (1976: 144-51, esp. 148-51). Los antiguos tendieron a ver en los hiperbóreos a pueblos celtas, lo que tiene ciertas correspondencias con datos arqueológicos; vid. Dion, R. (1976: 144-8), y Ahl, F. M. (1982: 390-8). No obstante, como dijo Crusius, O. (1886-90: col. 2829), los rasgos del paisaje del noroeste de Europa o el tráfico del ámbar no son el origen de la leyenda, aunque intervinieran en su configuración.
3 Vid. Daebritz (1914: cols. 259-261). En cualquier caso, el desarrollo ulterior del mito fue coherente con la etimología "popular" (uJperbovreo" = 'más allá del viento del norte'). Pero, desde el punto de vista de los orígenes histórico-religiosos es más verosímil la etimología propuesta por Ahrens, que parte de perfereve"; vid. las referencias en Crusius, O. (1886-90: col. 2830) y en Daebritz (1914: cols. 260-1). Acerca de las relaciones del mito hiperbóreo con el ritual y el culto de Apolo, vid. Farnell, L. R. (1895-1909: IV, 99 y ss. de la reimpr. de 1977).
4 Gémino, VI, 9, indica que, según el gramático Crates, Homero se está refiriendo a las noches blancas, en Odisea, 10, 82 y ss., y a las noches invernales de seis meses, cuando habla del país de los cimerios, que no ven el Sol (Odisea, 11, 14 y ss.). Se trata de fenómenos propios de las regiones boreales, que luego se situaron en Thule: cf. Plinio, Historia natural, IV, 91 (y Hecateo de Abdera, fr. 7 Jacoby [= Diodoro de Sicilia, II, 47]), y Odisea, 10, 82 y ss.
5 Vid. la monografía de Bolton, J. D. P. (1962).
6 Vid. la asociación de los arimaspos del poema de Aristeas, con los hiperbóreos, en Pausanias, 5, 7, 9.
7 Que no es Hecateo de Mileto, sino de Abdera, lo sabemos gracias a Eliano, Sobre la naturaleza de los animales, XI, 1 (= Hecateo de Abdera, F Gr H., 3a, 264 F 12).
8 Plinio el viejo, Historia natural, VI, 619.
9 Vid. Clemente de Alejandría, Stromateis, I, 15, 72, 2.
10 Ese texto ha sido transmitido por un escolio a Apolonio de Rodas, IV, 282/91b. Cf. el escolio a Píndaro, Tercera oda olímpica, v. 56.
11 Baste saber que Heródoto, II, 33, dice que el río Istro (el Danubio) nace en tierra de los celtas, y que ese es el mismo río que, según Esquilo, fr. 197 Radt, procedía del país de los hiperbóreos y de los montes Ripeos. También Píndaro, Tercera oda olímpica, vv. 16-30, creía que el Istro nacía en el país de los Hiperbóreos.
12 Qouvlh en las fuentes griegas; Thule, Thyle o Tyle, en las latinas.
13 Hecateo de Abdera, F Gr H, 3a, 264, F 11 a Jacoby, transmitido por Esteban de Bizancio, p. 267, 12 de la ed. de Meineke (que parece haber tomado los datos de Herodiano, 3, 1, p. 54, 23-4 de la ed. de Lentz).
14 Acerca de la isla como ubicación de la fantasía, pueden verse los trabajos de Martínez Hernández, M. (1994: 81-5, y 1994 b: 434-37), y de Gómez Espelosín, F. J.; Pérez Lagarcha, A., y Vallejo Girvés, M. (1995: 324 y 355).

 

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