Sadkó/ ORFEO eslavo 28/06/00
Bueno, María José, veo que te ha enganchado el tema de los rituales en los que se caza y consume ritualmente un animal, en la creencia de que se adquieren sus cualidades. Pero recuerdo que el tema vino por Orfeo; que en algún mensaje me decías que compartíamos el interés por ese personaje, y que no tuviera reparos en explayarme sobre él. Espero que no te arrepientas de haberme hecho esa petición, y que no te asustes de lo que pueda ocurrir, como parece que se asustaron todos los contertulios con el lío que armé en relación con las sirenas, los ángeles y el tuercecuello.
A ver si soy capaz de controlarme; pero a mí la verdad es que, hoy por hoy, lo que me trae loco es la mitología de la música, y fue por la mitología de la música por lo que me interesé por Orfeo. Supongo que lo esencial del mito de Orfeo es bien conocido, por lo que voy a lanzar a la lista un hecho que me parece genial: un paralelo eslavo de ese mito de la magia musical.
Como es bien sabido, Orfeo, entre otros prodigios, era capaz de calmar las tempestades con su música. Puestos a ser eruditos, diré que el que primero alude a esa maravillosa capacidad de nuestro héroe es un historiador griego del s. II a. C., que tiene el horrible nombre de Dionisio Escitobraquión (su obra no se conserva completa, pero la conocemos gracias a que Diodoro de Sicilia, otro historiador del s. I a. C., la utilizó; la parte que nos interesa está en el libro IV de Diodoro, cap. 43).Pues bien: lo fenomenal del caso es que algunas "byliny" rusas (poemas narrativos afines a nuestros romances viejos) están protagonizadas por un músico prodigioso llamado Sadkó que era capaz de desencadenar tormentas con la frenética música que tocaba en su gusli (instrumento de cuerda pulsada, que se toca tumbado sobre las rodillas, o bien sosteniéndolo delante del torso). ¿Lo contrario de Orfeo? Sólo en apariencia: ambos eran capaces, mediante la música, de influir mágicamente en el curso de los fenómenos naturales.
En próximos mensajes, según cómo ande de tiempo (y según lo que os interese el tema), os contaré más cosas sobre Sadkó y Orfeo.
Saludos para todos.
Francisco.
-----29/06
Paso a contarte, pues, la leyenda rusa de Sadkó. Como no tengo tiempo de irla traduciendo al pie de la letra, intentaré hacer un resumen (que también será la enésima manipulación de esa leyenda, si no en el adorable ámbito de la tradición oral, sí en el de la tradición "electrónica"; lo que es la vida).
Sadkó era un hábil músico que vivía en la ciudad de Nóvgorod, al NO. de Rusia. Una ciudad muy rica y próspera, en la Edad Media, y bastante diferente de la imagen de barbarie que solemos tener de la Rusia medieval. Nóvgorod, en aquellos tiempos, tenía estrechos contactos comerciales con las ciudades de la Hansa y con Bizancio, y era una especie de república en la que los ciudadanos se autogobernaban, y todos participaban en las discusiones sobre los asuntos de la ciudad. Esto no es leyenda, todavía; esto es histórico, por sorprendente que parezca.
Sadkó era muy apreciado por sus dotes musicales, y los nobles y ricachones de Nóvgorod solían llamarlo para que actuara en sus juergas y alegrara a sus oyentes, por lo que lo recompensaban espléndidamente. Esto ya sí forma parte de la leyenda, aunque responde a lo usual en la vida cotidiana de la Edad Media.
Pero llegó un día en el que nadie llamó a Sadkó, y éste se aburría infinitamente. Y se fue a las orillas del lago Ilmen, y empezó a tocar allí. El agua del lago se alborotó, y Sadkó, asustado, se retiró a su casa.
Llegó otro día en el que tampoco llamó nadie a Sadkó, y éste se fue a rumiar su tedio a orillas del lago Ilmen. Empezó a tocar su gusli de madera de plátano, pero el agua del lago empezó a agitarse súbitamente, y Sadkó, asustado, se retiró a su casa.
Al día siguiente, nadie llamó tampoco a Sadkó, para que tocara en ninguna fiesta, y el músico volvió a orillas del lago Ilmen, donde empezó a tocar, según su costumbre, su gusli de madera de plátano. Y el agua del lago empezó a alborotarse, y he aquí que apareció ante los ojos de Sadkó un curioso personaje, al que el texto llama "Vodianoi Tsar", es decir, "zar de las aguas". Esto ya no pasa todos los días.
En una próxima entrega, os contaré lo que pasó después. Pero, por lo pronto, he aquí que la música de Sadkó hacía que se encresparan olas en el lago Ilmen. Y esto es sólo el principio (qué folletinesco estoy hoy).
Saludos cordiales.
Francisco.-----
30/06
A propósito de la música de Orfeo he podido conseguir esta descripción que Josefina Maynadé hace en su libro:
"Eludía a menudo sus deberes cortesanos y vestido con el corto chitón, de burdo lino de los pastores, atravesaba los prados, escalaba los montes, paseaba entre las gramíneas doradas, salpicadas de amapolas y sentado al pie de los robles y de los olivos, buscaba en el canto de los pájaros inspiración para sus melodías...
Cuentan las crónicas que era tan armoniosos sus cantos a los acordes de su lira dulcísima, que los riachuelos ralentizaban al escucharlo el curso de sus aguas, las brisas frenaban sus alas adormeciendo sus murmullos, las fuentes silenciaban sus chorros y las peñas se ahuecaban para eternizar sus ecos.
Un poder y una beatitud inefables emanaban de su presencia al amparo de los genios benignos de los campos y los bosques."
MariaJose
-----01/07
No conocía esa fuente; ¿puedes indicarme los datos del libro de Josefina Maynadé? Lo de que "eludía sus deberes cortesanos" es la principal aportación de esa autora, pues, en las fuentes griegas y latinas de la Antigüedad, Orfeo no aparece nunca en el ámbito cortesano. Pero cualquiera está autorizado a prolongar la tradición mítica, siempre que haga constar que lo está haciendo.
Saludos.
Francisco.-----
Josefina Maynadé, Orfeo (El Maestro de la Belleza), Editorial Orión, México D.F., 1959.
Y ya que estamos, te copio el capítulo del que extraje el comentario anterior. Antes de que la autora quede anatemizada como mi pobre Roso ;)
" Eagro era el rey justiciero de aquella Tracia electa por el hado para el desempeño de una alta encomienda en el futuro del pueblo griego.
De su mujer, la reina Calíope, tuvo un hijo llamado Orfeo, en quien el país vislumbraba al gobernante ideal.
Desde su más tierna infancia el pueblo adoraba a su príncipe por su belleza, su apostura, sus virtudes y su sabiduría. Tantas eran las cualidades que en él convergían, que los más allegados le tenían por un semidiós.
Al llegar a la adolescencia, era Orfeo un espigado muchacho de mediana estatura, de torneados y finos miembros y porte gracioso y esbelto. Sus proporciones respondían a la total armonía de su alma. Tenía bronceada la piel por los rayos de sol, los ojos azules y la cabellera ondulada. Sus facciones tenían esa depurada perfección de líneas que ostenta el canon clásico de la posterior estatua griega: frente recta y alta, de protuberantes sienes; cejas largas y arqueadas, ojos meditativos y profundos casi siempre semientornados, como acostumbrados a mirar hacia dentro. Nariz perfecta, de alta y robusta raíz en el entrecejo, mentón firme y breve, boca torneada en la que afloraba siempre una seductora sonrisa.
Su afición primordial era la música. Desde su infancia cobró afición a la lira doria y él mismo tallaba sus instrumentos, perfeccionando su línea, su caja sonora y la calidad y temple de sus cuerdas.
Su gesto más bello personal y característico, en el que aparecía sublimemente hermoso y que pudiera ser fijado para siempre para gloria humana en la memoria de la Naturaleza, era aquel en el que el privilegiado mancebo, en los momentos de éxtasis e inspiración, apoyaba su cuerpo sobre su pierna izquierda, dibujando una leva comba de perfil, y apoyaba sobre esa misma cadera su acordada lira. Entonces, con la cabeza pensativa un poco caída, cerraba los ojos y su mano derecha suavemente movida, pulsaba las cuerdas del divino instrumento y arrancaba de él los más melodiosos sonidos
Cuando así aparecía, todo aquel que tenía el privilegio de contemplarlo y de oírlo, creía tener ante sus ojos a un joven dios viviente.
Tenía entonces toda la firme virilidad de la raza y todo el encanto un poco femenino, del efebo inmortal.
Sin duda, cuanto más se acercaron los artistas escultores griegos a la plastificación de la hermosura humana, glosaron la gracia y la perfección del joven príncipe tracio.
El rey Eagro habíale nombrado, para educarle maestros en la estrategia militar, en el manejo de las armas, en la equitación y en la caza condiciones básicas que debían adornar a un príncipe de aquella Tracia adusta, montaráz y belicosa.
Pero el gentil muchacho de bucles de oro y ojos azules como el límpido cielo tracio, no aspiraba a más cetro que su lira, ni a más arma que su inspiración expresada a través de sus himnos.
Eludía a menudo sus deberes cortesanos y vestido con el corto chitón, de burdo lino de los pastores, atravesaba los prados, escalaba los montes, paseaba entre las gramíneas doradas, salpicadas de amapolas y sentado al pie de los robles y de los olivos, buscaba en el canto de los pájaros inspiración para sus melodías..
Cuentan las crónicas que era tan armoniosos sus cantos a los acordes de su lira dulcísima, que los riachuelos ralentizaban al escucharlo el curso de sus aguas, las brisas frenaban sus alas adormeciendo sus murmullos, las fuentes silenciaban sus chorros y las peñas se ahuecaban para eternizar sus ecos.
Un poder y una beatitud inefables emanaban de su presencia al amparo de los genios benignos de los campos y los bosques.
En el decurso de sus momentos de mayor inspiración, presentía Orfeo la llamada de los cielos y entreveía los derroteros de su vida futura.
Un día desapareció y en los parajes agrestes y en el palacio de Eagro lloraron todos, árboles y flores, ríos y fontanas, rebaños y pastores, fieras sumisas, súbditos y parientes, al príncipe adolescente de rubia cabellera hermoso como un dios.
Orfeo había partido camino de Egipto, ansioso de conocer los misterios y la sabiduría del viejo país del Nilo. Los dioses mismos le habían aconsejado en sueños que confiara su porvenir a los sacerdotes de Tebas, los más sabios del mundo conocido..."
Espero que no seas muy duro conmigo ;)
Un beso. Maria Jose Amor
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Hola, amigos. Me alegro de que algunos queráis saber más de Sadkó. Ahora mismo ando muy mal de tiempo; pero os prometo continuar el relato.
Por lo pronto, os recordaré otra coincidencia muy jugosa: el primero que habla de la música mágica de Orfeo, en la literatura griega, es el poeta Simónides, del s. VI a. C., y dice que, al son del bello canto de Orfeo, innumerables aves volaban sobre su cabeza, y saltaban los peces del agua azul del mar. Eso figura en un fragmento de un poema de Simónides, citado por Plutarco (es el fr. 567 de la edición de Page).
Pues bien, echadle ahora un ojo al romance del conde Arnaldos, y a ver qué es lo que hace el marinero con su canto:"marinero que la manda
diciendo viene un cantar
que la mar facía en calma
los vientos hace amainar,
los peces que andan 'nel hondo
arriba los hace andar,
las aves que andan volando
en el mástil las face posar"(cito por la antología de Mercedes Díaz Roig, "El romancero viejo", Madrid, Cátedra, 1987, p. 272).
Un saludo, y hasta pronto.Francisco.
-----Hola a todos. Vamos a intentar proseguir con la leyenda de Sadkó, a quien en otros mensajes presenté como "el Orfeo eslavo". Pero, antes que nada, voy a indicaros de dónde estoy sacando lo que os cuento. Traducciones al español de esta leyenda conozco dos, pero no aseguro que estén hechas sobre el original en ruso antiguo (bueno, no muy antiguo). He aquí las referencias:
Anónimo: "Cuentos y leyendas de la vieja Rusia", Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1939 (y posteriores reediciones). Sin indicación de traductor, ni, menos aún, de la procedencia de los originales. La rescaté en la feria del libro antiguo y de ocasión de 1995.
Anónimo: "Leyendas heroicas de los rusos", trad. por E. López del Rincón, Madrid, Espasa-Calpe, 1930. Le eché el guante en una librería de viejo, en Málaga, en el verano de 1995, y vive Dios que no se me escapó, no.
Pero yo, por donde conocí esa leyenda fue por un libro que no está mal:
ALEXINSKY, G., 1935: "Mythologie slave", en Guirand, F. (dir.): Mythologie générale, París, Larousse, 1935 (trad. española, Barcelona, Labor, 1960).
Fascinado por el personaje, y, en general, por la tradición oral de los países eslavos, me metí a estudiar filología eslava, y ahí estoy, peleando como los cosacos (nunca mejor dicho, por cierto). Y, para los valientes que se atrevan con el texto original en ruso antiguo (no muy antiguo, como dije; sabiendo un poco ruso del que se puede aprender en una escuela de idiomas, y con un poco de imaginación, se puede entender), os puedo remitir a:
PUTILOV, B. N. (selección, introducción y notas), 1986: "Byliny", Leningrado, Sovetski Pisatel, pp. 269-284.
"Byliny" es el plural de "bylina", la denominación de ciertos poemas narrativos de la tradición oral rusa. Algunos se seguían cantando en los años 30 y todo (ahora, cualquiera sabe por dónde va la cosa). La palabra "bylina" es un derivado de "bylo", forma verbal que significa "fue"; es decir, viene a ser como "relato del pasado". Pero parece que los campesinos que las transmitieron las llamaban "stariny", que significa "antigüedades".
En el próximo mensaje, continuaré con la leyenda de Sadkó.
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Y ahora sí. Habíamos dejado a Sadkó a orillas del lago Ilmen, cuyas aguas se habían revuelto amenazadoras, ante la música que él tocaba, y le habían puesto ante los ojos al "Vodianoi Tsar", o zar de las aguas. Y dijo el zar de las aguas (intento traducir a partir de Putilov, B. N., 1986: "Byliny", Leningrado, Sovetski Pisatel, pp. 270 y ss.):
"¡Te doy las gracias, Sadkó de Nóvgorod! Nos has regocijado aquí en el lago; yo estaba dando una fiesta de honor en el lago, y has alegrado a todos los queridos huéspedes que yo había invitado al banquete. Y ahora no sé, Sadkó, cómo recompensarte.
Ve ahora, Sadkó, a tu Nóvgorod, y mañana te llamarán a una fiesta de honor. ¡Cuántos mercaderes de Nóvgorod habrá en la fiesta, y cómo beberán todos en la fiesta, y cómo comerán todos en la fiesta, y cómo se jactarán!
Uno se jactará de una cosa, y otro de otra; uno de sus tesoros incalculables, otro de su buen caballo, otro de su juventud, y el que sea listo presumirá de su anciano padre, de su anciana madre, y el ceporro insensato presumirá de su joven esposa.
Pero tú, Sadkó, jáctate de saber que, en el lago Ilmen, hay peces de escamas de oro. Y, cuando los ricos mercaderes se pongan a discutir contigo, y a decir que ahora no hay tales peces de oro, tú haz una apuesta importante con ellos: apuéstate tu impetuosa cabeza".
Luego aconseja el zar de las aguas a Sadkó que rete a los otros mercaderes a apostarse con él un tenderete de mercancías muy caras; que vayan todos al lago Ilmen, y él, el zar de las aguas, dará a Sadkó peces de escamas de oro, con lo que él podrá quedarse con los caros productos de los otros comerciantes y convertirse en un rico mercader.
"Y Sadkó se fue a su Nóvgorod".
No quiero abusar de vuestra atención. Mañana proseguiremos. Pero he aquí que Sadkó, mediante su música, ha sido capaz de atraer la atención de un ser sobrenatural que le brinda su ayuda y sus consejos para sacarlo del aburrimiento y de la pobreza en la que se halla. Pues Sadkó, según dice el principio de la "bylina", era un tañedor de "gusli", que no tenía muchos tesoros, sino que sólo iba por las fiestas de honor, en las que alegraba a los mercaderes y a los boyardos.
Y es que, probablemente, era un tipo bohemio de ésos que me caen tan bien, que de negocios no sabía una palabra, hasta que el "Vodianoi Tsar" lo aleccionó.
Saludos a todos.
Francisco.
----07/07
Yo voy a intentar seguir con el Orfeo eslavo, con mi amigo Sadkó,
a quien habíamos dejado recibiendo los consejos del zar de las aguas, que le
recomendaba apostar con los mercaderes de Nóvgorod a que en el lago Ilmen
había peces de oro; como el zar del mar haría que fuera verdad, Sadkó
ganaría la apuesta y se haría rico. Ojalá los zares que hubo en Rusia se
hubieran dedicado a cosas como ésas.
Bien, intentemos seguir.
En efecto, Sadkó se dirigió al día siguiente a una fiesta, y, cuando todos
empezaron a presumir y a jactarse, Sadkó permaneció sentado sin decir nada,
y los demás le decían: "Pues ¿qué pasa, Sadkó? ¿Tú no presumes de nada? ¿Tú
no te jactas de nada?" Y dijo Sadkó tales palabras: "Ay, mercaderes de
Nóvgorod, y ¿de qué puedo yo presumir, de qué puede jactarse Sadkó? ¡Si yo
no tengo dorados tesoros incontables, ni tengo una joven y maravillosa
esposa! Pero sólo hay una cosa de la que pueda jactarme, y es que en el
Ilmen, en el lago, hay peces con escamas de oro".
Los mercaderes, claro está, no se lo creyeron; pero Sadkó se apostó su
cabeza (añade el texto que es que no tenía otra cosa que apostarse) a que
era verdad.
Y, en efecto, fueron al lago, y pescaron peces con escamas de oro, y Sadkó
se hizo con seis almacenes llenos de artículos de mucho valor. Se registró
entre los mercaderes de Nóvgorod, y se hizo un rico mercader. Y empezó a
comerciar Sadkó, en su ciudad, y empezó a ir por todos los lugares, por las
demás ciudades que estaban lejos, y empezó a recibir grandes beneficios.
Espero que tan pedestres detalles no os quiten el interés por la historia,
porque todo empezó gracias a que la música de Sadkó le gustó al zar de las
aguas. Y la cosa no pararía ahí, como veremos en próximos mensajes. Claro
está que el contexto histórico de una próspera ciudad comercial también dejó
su impronta en la leyenda
Un saludo cordial, y hasta otro rato.
Francisco.
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09/07
Se hizo rico, como ya os dije. "Se
casó y construyó un palacio de blancas piedras, y en su palacete lo hizo
todo como en el cielo: e igual que en el cielo arde un hermoso sol, en sus
habitaciones arde un hermoso sol; e igual que en el cielo brilla, joven, la
brillante luna, así en sus habitaciones hay una joven y brillante luna. E
igual que, en el cielo, arden numerosas estrellas, así en sus habitaciones
arden numerosas estrellas, y con todo eso embelleció Sadkó su palacio de
blancas piedras". Allí daba fiestas y demás. Luego sigue el texto:
"Y luego construyó treinta negras carabelas, y se fue a comerciar el rico
mercader de Nóvgorod en sus negras carabelas, y fue por el Voljov, del
Voljov al Ladoga, y del Ladoga salió al río Nevá, y del río Nevá salió al
mar azul. ¡Cómo fue por el mar azul, cómo giró hacia la Horda de Oro!
Allí vendió mercancías de Nóvgorod y obtuvo grandes beneficios."
Bueno, sí, la de siempre. La Horda de Oro era el imperio mongol.
"Y luego se fue de la Horda de Oro, y salió otra vez al mar azul. Y en el
mar azul se detuvieron sus negras carabelas. Las golpean las olas, y el
viento las rompería, pero no se mueven del sitio las negras carabelas.
"Habló Sadkó, el rico mercader de Nóvgorod, a su valiente druzhina (nota
erudita al canto: "druzhina" es el conjunto de amigos que lo acompañan; la
peña, vaya. Es un derivado de "drug", que, en ruso, significa "amigo"):
"-¡Valiente druzhina! Cuánto tiempo hemos estado yendo por el mar, y sin
pagarle los tributos al zar del mar. Ahora el zar del mar reclama sus
impuestos, en el mar azul".
Y Sadkó pidió a sus compañeros que arrojaran al mar rojo oro (es curioso;
pero, en el "Cantar de los niebelungos", también se califica de "rojo" al
oro). Pero las naves no se movían de su sitio. Por lo visto, dijo Sadkó a
sus compañeros, era poco para el zar del mar, y arrojaron entonces límpida
plata. Pero las naves no se movían de su sitio. Por lo visto, dijo Sadkó a
sus compañeros, era poco para el zar del mar, y arrojaron entonces perlas de
todos los tamaños. Pero las naves no se movieron de su sitio.
Entonces habló Sadkó, el rico mercader de Nóvgorod, a su valiente
"druzhina":
"­Ay, mi querida y valiente druzhina. Por lo visto, el zar del mar exige de
nosotros una cabeza viva en el mar azul". Es decir, ¿un sacrificio humano?
Cómo se pone esto.
Echaron suertes y le tocó a Sadkó. Repitieron el sorteo, y le volvió a
tocar. Era evidente que el zar del mar quería que Sadkó bajara a sus
dominios, y que no había más que hacer. Sadkó pidió tinta, una pluma de
cisne y papel timbrado con su escudo (vaya, cómo estaban en Nóvgorod en la
Edad Media, con papel timbrado y todo). Repartió sus bienes entre la iglesia
de Dios, sus hermanos los pobres, su joven esposa y su valiente druzhina. Y
se echó a llorar, y pidió a su querida y valiente druzhina que le prepararan
un tablón de roble sobre el que lo dejarían en el mar.
Y entonces tomó consigo su pequeño "gusli" de madera de plátano, y, llorando
amargamente, se despidió de su valiente druzhina, de la blanca luz y de su
Nóvgorod, y se echó sobre el tablón de roble al mar azul. Y entonces
corrieron las negras carabelas, como negras cornejas que volaran".
Dejémoslo aquí, por ahora. Pero podemos observar una cosa. A pesar de la
vida de mercader que ha tenido que abrazar, Sadkó, cuando cree que va a
morir, coge su gusli, con lo que demuestra que sigue siendo lo que siempre
fue: músico. Como veremos más adelante, por eso era por lo que lo llamaba el
zar del mar (¿pariente próximo del zar de las aguas que, en el lago Ilmen,
le dio consejos para que saliera del marasmo?).
-----14/07
"Y, cuando Sadkó se quedó sobre el mar azul, de puro miedo se quedó
dormido sobre la balsa de roble. Y, cuando se despertó Sadkó, el rico
mercader de Nóvgorod, aquel mismo día, estaba en el mar, en el océano, y vio
a través del agua brillar el sol, y contempló con admiración un palacio de
blancas piedras. ¡Cómo pasó al interior del palacio de blancas piedras!
"Y he aquí que está sentado en el palacete el zar del mar en su trono. Y
dijo el zar del mar estas palabras:
'­Salud tengáis, rico mercader, Sadkó de Nóvgorod. ¡Cuánto tiempo hace
que ibas por el mar, y que al zar del mar no le pagaste sus impuestos en el
mar azul! Y ahora tú mismo has llegado junto a mí, como un regalo. ¡Ah!
Dicen que eres un maestro tocando el gusli de madera de plátano. Toca, pues,
para mí, en el gusli de madera de plátano'.
"Y, cuando vio Sadkó que en el mar no había qué hacer, se vio obligado a
tocar en el gusli de madera de plátano.
"Empezó a tocar Sadkó en el gusli de madera de plátano, y empezó a
bailar el zar del mar en el mar azul. Y por su causa se alborotó todo el mar
azul, y se levantó una ola en el mar azul, y empezó a destrozar muchas
negras carabelas, en el mar azul. Y empezó a ahogarse mucha gente en el mar
azul.
"Mucha buena gente, mucha gente ortodoxa reza de corazón a Mikola
Mozhaiski, para que los saque, benévolo, del mar azul.
"Y he aquí que tocó a Sadkó en el hombro derecho, y que se volvió Sadkó,
el rico mercader de Nóvgorod, y hay un viejecito tras él, allí, que le dijo
estas palabras:
'-Ya has tocado bastante, Sadkó, el gusli de madera de plátano, en el
mar azul'.
Dice Sadkó entonces estas palabras:
'­No es mi voluntad estar en el mar azul, porque me obliga a tocar el
zar del mar'.
Dijo a su vez entonces el viejecito estas palabras:
'­Sadkó, rico mercader de Nóvgorod: arranca, pues, las cuerdas, y rompe
las clavijas, y di entonces al zar del mar: 'No tengo cuerdas, no dispongo
de clavijas, y no tengo en qué tocar más'. Y te dirá el zar del mar: '¿No te
gustará, Sadkó, casarte en el mar azul, con una hermosa 'alma mía', con una
hermosa muchacha?' Dile tú entonces, en el mar azul: '­Zar del mar, como sea
tu deseo en el mar azul, como lo sabes, hazlo así'. Y entonces te dirá:
'­Mañana arréglate, Sadkó, rico mercader de Nóvgorod, y elige para ti una
doncella, a tu gusto, según tu preferencia'.
'Entonces, mira: primero deja pasar a un grupo de de trescientas
doncellas, y deja pasar a un segundo grupo de trescientas doncellas, y a un
tercer grupo de trescientas doncellas déjalo pasar. Y, en el último grupo,
por fin, va una hermosa doncella, cuyo apellido es "Chérnava". Tú coge a ésa
para desposarla, y entonces, Sadkó, serás feliz. Y, cuando te eches a dormir
la primera noche, mira que no hagas nada feo con tu doncella Chérnava.
Cuando hayas dormido en el mar azul, estarás en Nóvgorod, en el escarpado
acantilado, y en el río "Chérnava". Pero, si fornicas en el mar azul, te
quedarás por los siglos en el mar azul. Y, cuando estés en la santa Rusia,
en tu ciudad, entonces construye una iglesia catedral a Nikolai Mozhaiski,
pues yo soy Nikolai Mozhaiski'.
Una nota: el apellido de la novia marina de Sadkó, "Chérnava", contiene
la raíz del adjetivo que significa "negro" Por otra parte, ese mismo nombre
corresponde a un río, junto al que despertará Sadkó, en su ciudad, si no
fornica con la doncella marina. ¿Una ninfa de los ríos? Tiene toda la pinta,
¿no? Y ya decía el historiador bizantino del s. VI Procopio de Cesarea que
los eslavos rendían culto a las ninfas (véase su "Guerra de los godos", III,
14).
En fin, intentemos terminar. El final de la historia está debidamente
moralizado y cristianizado: Sadkó obedece las indicaciones del anciano, y
despierta junto al río Chérnava, y se encuentra con sus naves, su "druzhina"
y su joven esposa. "Construyó una iglesia catedral para Nikolai Mozhaiski, y
otra para la santísima Madre de Dios, y tras esto empezó a orar a Dios
Nuestro Señor, y a confesar sus pecados. Y no navegó más por el mar azul,
sino que se quedó a vivir en su ciudad".
Los comentarios, mañana.".-----
17/07
Una vez relatada la leyenda de Sadkó, se pueden hacer algunas
observaciones, aunque ninguna será tan genial como la leyenda misma, a pesar
de sus toques "prosaicos" y de su final moralizado (piénsese lo que se
quiera, y con todos los respetos). A mí me llamó muchísimo la atención que
la música de este prodigioso músico legendario de la antigua Rusia diera
lugar a tempestades, al contrario que la de Orfeo, que las calmaba.
El siguiente detalle sorprendente es que esa tempestad marina provocada
por la música de Sadkó fuera, en realidad, expresión de la alegría de un ser
sobrenatural asociado con un elemento de la naturaleza, el mar del que ese
ser es "zar". No sé si es demasiado arriesgado hablar de una reminiscencia
animista; pero lo más tremendo es que el primer testimonio que conozco de
que Orfeo calmara las tormentas también contiene una reminiscencia animista.
Me explico: ese primer testimonio, como creo que os decía otra vez, se halla
en un historiador griego (de las colonias griegas de Sicilia) del s. I a.
C., Diodoro de Sicilia, que se basó, para esa parte de su obra, en un autor
anterior, llamado Dionisio Escitobraquión. Y dice Diodoro de Sicilia, IV, 43
y 48, citando a su antecesor, que, durante la expedición de los Argonautas,
cuando se desencadenaron tempestades, Orfeo elevó una súplica a los Cabiros,
y sobrevino la calma. Aquí hay que puntualizar dos cosas: los Cabiros son
unas divinidades de los marinos, pero no es que gobiernen el mar como el zar
del mar en la leyenda rusa (el "zar del mar" sería el Poseidón griego).
Además, cualquiera puede preguntarse si las plegarias se cantaban, en la
Antigüedad, y eso no es tan fácil atestiguarlo. Se puede suponer que, como
lo que hacía Orfeo era cantar, pues... Pero eso es sólo una suposición, y yo
sólo me creo algo cuando hay un texto que lo dice (manías de filólogo). Y he
aquí que hay algunas referencias a que las plegarias se cantaban, si bien
las más claras (de las que yo conozco) son muy posteriores a Diodoro Sículo.
Una de ellas está en un filósofo del s. III d. C., Plotino ("Enéadas", IV,
4, 38, 3).
Por otra parte, que una tempestad sea expresión de alegría fue algo que
me hizo sentirme muy identificado con el zar del mar, porque desde muy
pequeño me encantaron las tormentas, con las que me ponía frenético de
contento, al contrario de lo que le pasaba a mi abuela, q. e. p. d. Ése fue
un detalle de simpatía personal, entre otros muchos, por la leyenda de Sadkó
y por todo el folklore eslavo. Al principio, se me ocurrió que había ahí una
transposición (o una huella) del carácter alborozado e impetuoso de muchas
danzas tradicionales de los pueblos eslavos. Pero en seguida me pareció
demasiado simplista y demasiado tópico, y, desde luego, habría que comprobar
si la música y la danza rusas de la Edad Media ya tenían ese carácter. De
eso y de otras cosas "dignas de felice recordación", que diría Cervantes, os
hablaré otro día.
Saludos cordiales.
Francisco.