FIESTA de SANTIAGO APOSTOL:
El patrón de una temerosa ciudad de barroMendoza, Argentina. 25 de julio de 2001: Cuando los santos vienen cambiando...
Pero "cambian de verdad"...? Ver para creer. Creer para ver.
El 25 de julio en Mendoza comenzará a ser cada vez menos desapercibido desde que a partir del año 2000 se dejaron oír voces que cuestionaron la iconografía beligerante y belicosa con la que don Santiago Apóstol ha enraizado en Mendoza. Si bien ninguna de las mayorías religiosas del mundo se han caracterizado por tener sensibilidad ante las minorías, recurso de la memoria frágil de pasados genocidios, en verdad debería resultar ofensivo que las imágenes religiosas invoquen símbolos de guerra y de intolerancia a los diferentes.
No menos cierto es que este Santiago "matamoros" nos recuerda las condiciones de una edad media en la península en la que bajo dominio árabe se inició un laboratorio de mestizajes culturales que pudo ser una escuela de tolerancia para la rancia Europa, pero que el espíritu de reconquista y contrarreforma inauguraron tristemente las exclusiones de los diferentes, tan malamente famosas luego en nuestra América. No menos totalitarios han resultado las "guerras santas" moriscas contra los "infieles" hispanos, pero en fin, entre fieles e in-fieles de uno y otro absolutismo han quedado los recuerdos ateridos de sus víctimas y las familias integradas por ambos bandos, las herencias culturales entrelazadas y las xenofobias irresueltas, las palabras nuevas que forjaron desde su límite el castellano-romance que vino a estrellarse, encallar y reverdecer otro idioma en nuestros países descarnados.
A dios rogando, espada en mano
A este don Santiago espada en mano no resulta motivador hacerle procesiones y recordar su papel misionero de un dios llamando al amor entre los hombres, tal como sucede en su Santiago de Compostela, la ciudad gallega donde se supone que está enterrado el apóstol y a la cual convergen millones de creyentes y no creyentes cada año.
Hay tanta verdad y mentira en que si no se lo saca en procesión sobrevenga un terremoto como en la atribución a la falta de lluvia por el desentierro de la momia inca del Aconcagua. No sabemos aún si anteriormente a 1861, fecha de la gran desgracia mendocina, don Santiago recorría las calles de la ciudad de barro pero ligar el culto principal de la ciudad cristiana al temor de su destrucción no nos pone más lejanos a los miedos de los huarpes, esos "primitivos" que a falta de Santiagos tenían su Hunuc Huar morando en la fría altitud andina. Tampoco la presunción de cientificidad nos disculpa por las profanaciones de santuarios de altura.La problemática deconstructiva de la imagen habla de nuevo de "un desvanecimiento de lo sólido" de la significación de la escultura que se venera, en la cual un brioso jinete y su caballo aplastan un moro de mirada que busca clemencia. En una ciudad pluricultural, multi étnica y por que no, hiper desocupada..., resulta atávico la pervivencia de tal mito protector. Sabemos que no es por la razón que se entra al corazón de las pasiones populares, y por ello una sonrisa indulgente, si se nos permite, se dibuja al comprender la veracidad de los efectos con que unos y otros atribuyen sus íconos protectores.
Esta dualidad de resultados nos recuerda la tesis del investigador mejicano, Antonio PAOLI quien sostiene que "Toda estructura mítica refuerza o tiende a eliminar la autonomía psíquica y social, y con ello propicia un cierto modo de integración ética y moral, que, o bien clarifica, o bien enturbia las relaciones sociales."En la península, las cosas no están más claras. Para otro contertulio de la lista memoria, Carlos, "la gran verdad sobre Santiago Apóstol o al menos la Gran controversia, el punto central de todo estriba en que en realidad el Apóstol JAMAS estuvo en España y por ende de manera alguna podía haber matado algún moro. La tradición indica que al desaparecer el Maestre Jeshu, Santiago se hizo cargo del grupo constituido por Apostoles y Discípulos y si llegó a tener alguna "batalla" fue con Pablo el Apóstol 13 que surge con posterioridad a la desaparición de Jesús."
No sólo en Mendoza matamoros...
Hay muchas ciudades latinoamericanas donde el culto a Santiago también es manifiesto. Quiero presentar 2 casos de pequeños poblados. En el primero, Antonio Bou, folklorista español, nos brinda el relato de lo que sucede en Puerto Rico en un pueblo llamado Loíza, o Loíza Aldea. Dice Boe que "Loíza tiene su patrón, san Patricio, el de Irlanda, que nunca puso pies en Loíza, pero que tiene devotos a miles en toda la Isla. Allí se celebran en marzo las fiestas patronales en honor a san Patricio, pero las grandes fiestas de Loíza son las de Santiago Matamoros. "
En esas fiestas hay cuatro procesiones en las que se llevan por las calles del pueblo las estatuas viejísimas de Santiago:"Hay cuatro Santiagos. Tres que son oficiales y se ven en la iglesia: Santiago de los Caballeros, Santiago de las Mujeres, Santiago de los Niños. Son tallas ecuestres en madera policromada, de unos 200 años, que se distinguen por sus tamaños. Así la de Santiago de los hombres es la mayor y la de Santiago de los niños la más pequeña. Santiagón, Santiago y Santiaguito. La cuarta figura de Santiago, que no está en la iglesia ni sale en las procesiones oficiales, se llama Quirindongo, y es el Santiago de los negros."
Daniel Mathews, de la Universidad de Huancayo, Perú, me aporta el segundo caso: Por esos pagos la fiesta de Santiago es "la del cumpleños de los animales" aprovechándose a realizar las "marcas" de ganados. Dice Mathews que...
"en el mundo occidental la marcación de las reces es parte diaria del negocio, se le pone un fierro ardiendo en el pellejo de la vaca y punto. Realmente debe ser doloroso para la vaca. Aquí es una fiesta que dura dos días por lo menos (en algunos pueblos ocho). Lo que se le coloca a las reces es un arete que seguramente duele tanto como a las mujeres. Pero lo curioso es que es algo más que un acto ganadero: es todo un rito."
El 24 de julio en la noche ponen en una mesa la imagen de Santiago (en su caballo blanco, con una espada en la mano), velas prendidas, flores de las alturas y las cintas y aretes que le pondrán al día siguiente a los animales. Las cintas y aretes quedan pues "bendecidos" por Santiago. Y comienza la fiesta: gran baile en la noche, baile y marcación al día siguiente. "Los hombres solteros se encargaran de marcar a las vacas y las mujeres solteras a los toros."
Termina Daniel comentando que "Es realmente un acto de amor. Pero esto del acto de amor es muy curioso: aquí queda claro quien es soltero y luego no es raro que 9 meses después de la fiesta esté naciendo algún bebe al que pondrán Santiago de nombre."
Para el filólogo y compilador de personajes "asustadores" del folklore hispano, Alejandro GONZALEZ, estos controversias retrotraen a una vieja verdad:
"En la digestión simbólica que es toda tradición, importa mucho menos qué se digiere (lo que hay a mano...) que la enzima que lo metaboliza, transformándola en lo que es pertinente u oportuno."Esa enzima es la identidad de los pueblos, que es tal en tiempo presente, con toda la controversia que la presunción de una identidad monolítica trae. Baste señalar dos aspectos enriquecedores y cuestionadores como son la consideración de la identidad como ficción constituyente de un imaginario social señalados entre muchos por CASTORIADIS y la afín o complementaria visualización de la identidad como "puesta en escena", sea en el rango del universo personal como en el campo de los bienes culturales en cuya producción y reproducción se actualiza el destino "asumido" por una comunidad.
Indios Huarpes y ciudadanos menducos de unos y otros siglos han echado mano a símbolos o a un icono que les fue provisto o reproducido socialmente por siglos, su historicidad concreta también marca sus límites geográficos, ya que Santiago es venerado en Mendoza poco más allá del puente del Río Mendoza, hacia el sur, con lo cual se abre otro debate acerca de la centralidad de mitos y ritos venerados como totalidades culturales provinciales y que en los hechos, se comportan tal como la actitud ecuestre y militarista del icono exterminador, apagan las diferencias internas de la cultura provincial y sus variantes y distinciones regionales, o sea, excluyendo al "otro" que no las comparte.
Quien no participe de los ritos ni haga " visible" la intangibilidad de la creencia, será echado del paraíso al abismo de la maldad, y no será mal visto entonces que un caballo blanco (premonición sanmartiniana...?) y una espada toledana acaben con su vida.En la Mendoza del tercer milenio tal vez haya espacio para reconsiderar la fragilidad de nuestras construcciones identitarias y de paso repasar su trasfondo racista y europeizante, de manera de hacer realidad los mandatos específicos de la propia confesión religiosa y un principio de inteligibilidad social más universal, de compromiso cotidiano de construcción con lo diferente, que actualice las prácticas sociales de la tolerancia y el respeto mutuo.
Aunque para ello haya que bajar al santo de su caballo y hacerlo caminar junto a la multitud de los temerosos y desesperanzados.-
Museólogo Rubén Darío ROMANI
Nota: un extracto de esta nota fue publicada por Diario LOS ANDES, Mendoza el 25-7-2001
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